Emily triunfa
Emily triunfa —Ah, ya sé que los encubridores modernos están decididos a robarle a la historia todo lo que era pintoresco. No importa, yo seguiré aferrándome a mi fe en Lucrecia y en Guillermo Tell. Quita esa fotografÃa de mi vista. Por favor, Emily.
Emily guardó la maltratada fotografÃa en un cajón del escritorio. Su breve enfado habÃa desaparecido. ComprendÃa. Al menos, comprendÃa por qué Ilse habÃa arrancado los ojos. Más difÃcil era comprender por qué Ilse amaba tanto y tan incurablemente a Perry Miller. Y en su corazón habÃa también un tono de compasión, una compasión condescendiente por Ilse, que amaba tanto a un hombre que no la amaba.
—Creo que esto me va a curar —dijo Ilse con fervor—. No puedo… no quiero amar a un renegado. ¡Murciélago ciego… rey de los idiotas! Ah, se terminó para mÃ. Emily, no entiendo cómo no te odio. Que rechaces con desdén lo que yo quiero tanto. Criatura de hielo, ¿alguna vez has querido a alguna persona o una cosa que no fuera tu pluma?
—Perry nunca me ha querido en serio —la eludió Emily—. Cree que me ama.