Emily triunfa
Emily triunfa —Porque ella lo adora a él. A Teddy le encanta que lo adoren. Por eso nunca se ha enamorado, ¿te das cuenta? Por eso y supongo que también porque las muchachas lo perseguían tanto. En Montreal daba asco. Se portaban como unas idiotas, lo esperaban con la lengua fuera. A mí me daban ganas de vestirme con ropa de hombre y declarar que no pertenecía al mismo sexo de aquellas tontas. Seguro que en Europa fue igual. No hay ningún hombre que pueda soportar seis años esa vida sin creérselo y no volverse un presumido. Teddy es encantador con nosotras, sabe que somos viejas amigas que lo conocemos y no vamos a soportar ninguna tontería. Pero lo he visto aceptando los tributos, dedicando una sonrisa con toda su gracia, una sonrisa, una mirada o un roce de la mano, como recompensa. Lo he oído decirle a cada una lo que él creía que ella quería oír. A mí siempre me daban ganas de decirle algo que lo dejara pensando durante toda su vida, cada vez que se despertara a las tres de la mañana.
El sol se había puesto en medio de una nube púrpura detrás de la Montaña Deliciosa y el frío y las sombras cubrieron la colina y cruzaron los húmedos campos de trébol de la Luna Nueva. La pequeña habitación se sumió en penumbras y el pedacito del lago de Blair Water que se veía a través del claro del bosque de John el Altivo cambió de pronto a un gris lívido.