Emily triunfa
Emily triunfa —Bueno, entonces, las patillas de «Abraham Applegath» —dijo el primo Jimmy—. «Abraham» me cae bien. Es un hombre simpático. ¿No se puede hacer nada con esas patillas, Emily?
—No —respondió Emily, con firmeza—, no se puede.
¿Cómo es que no lo entendÃan? Abraham llevaba patillas, querÃa llevar patillas, estaba decidido a llevar patillas. Ella no podÃa hacer nada al respecto.
—SerÃa hora de recordar que esas personas no tienen una existencia real —replicó la tÃa Elizabeth.
Pero una vez (y Emily lo consideraba su mayor triunfo) la tÃa Elizabeth rió. Le dio tanta vergüenza que durante el resto de la lectura no osó ni siquiera sonreÃr.
—Elizabeth cree que a Dios no le gusta oÃrnos reÃr —le susurró el primo Jimmy a Laura, tapándose la boca con la mano. Si Elizabeth no hubiera estado tendida en su lecho con una pierna rota, Laura habrÃa sonreÃdo. Pero sonreÃr, en aquellas circunstancias, parecÃa aprovecharse injustamente de su hermana.
El primo Jimmy bajó sacudiendo la cabeza y murmurando:
—¿Cómo lo hace? ¡Cómo lo hace! Yo escribo poesÃa, pero… esto. ¡Esos personajes están vivos!
Uno de ellos estaba, en opinión de la tÃa Elizabeth, demasiado vivo.