Emily triunfa
Emily triunfa Emily exhaló un grito ahogado, negándolo.
—SÃ, te escribió. Vi la carta sobre su mesa cuando se fue. La abrà y la leÃ. Quemé la carta, Emily, pero puedo contarte lo que decÃa. ¡Jamás podrÃa olvidarlo! Te escribió que iba a decirte cuánto te amaba antes de irse y que, si lo querÃas aunque fuera un poquito, que le escribieras y se lo dijeras. Pero, si no era asÃ, que no le escribieras. ¡Ay, cómo te odié! Quemé la carta, deje unos poemas que habÃa dentro del sobre y lo cerré. Y él te la envió sin enterarse de nada. Nunca lo lamenté, nunca, ni siquiera cuando me escribió contándome que se casaba con Ilse. Pero anoche, cuando me trajiste esa última carta, y el perdón, y la paz…, ay, sentà que habÃa hecho algo horrible. He destrozado tu vida… y tal vez la de Teddy. ¿Podrás perdonarme alguna vez, Emily?
4
Entre el remolino de emociones provocadas por el relato de la señora Kent, Emily tuvo clara conciencia sólo de una cosa. La amargura, la humillación, la vergüenza la habÃan abandonado. Teddy la habÃa amado. La dulzura de aquella revelación borró, por el momento al menos, cualquier otro sentimiento. La ira y el resentimiento no pudieron hallar lugar en su alma. Se sintió una persona nueva. Y hubo sinceridad en su corazón y su tono cuando dijo, despacio:
—La perdono… la perdono. Entiendo.