El naufragio del Titán

El naufragio del Titán

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Cortó el forro de franela de su capote y con el de las mangas hizo una especie de vestiduras para abrigar sus piernecitas, doblando el largo sobrante sobre los tobillos y atándolas en el sitio apropiado con hilachas de una culebra[1]. Con el forro animal cubrió la cintura de la pequeña, incluidos los brazos, y envolvió todo aquello con sucesivas capas de lona, como si se tratara de una momia, sellando el bulto con hilachas, igual que un marinero asegura las partes dobles de un cabo; proceso que, una vez terminado, hubiera indignado a cualquier madre. Pero él solo era un hombre, y un hombre que estaba sufriendo física y mentalmente.

Cuando terminó, la niña ya había vuelto en sí y se quejaba del dolor con un débil y lastimero llanto, pero él no se atrevió a parar por miedo a entumecerse a causa del frío y el dolor. Había abundante agua fresca repartida en estanques formados por el hielo al derretirse. El oso les proveería de alimento, pero necesitaban fuego para asarlo, calentarse, impedir la peligrosa inflamación de sus heridas y hacer señales de humo que pudieran ser vistas por los barcos que pasaran por allí.




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