Utopía
Utopía En todas las ciudades se alistan soldados voluntarios, y a ninguno se le hace ir a la guerra contra su voluntad, por estar seguros de que el hombre cobarde, además de no portarse valerosamente, desmoralizará a los que están con él. En caso de invasión del territorio tienen que luchar todos, y a estos cobardes les embarcan en las naves encuadrados con otros mejores, o les ponen en las murallas, en puntos donde no puedan huir; de esta manera por vergüenza ante los suyos y por tener el enemigo a la vista sin esperanza de poder escapar, muchas veces la necesidad extrema se convierte en virtud.
De la misma manera que a nadie se hace ir a la guerra contra su voluntad, tampoco se prohíbe que vayan a día las mujeres que voluntariamente se presentan, y sirven de gran estímulo a sus maridos, padres o hermanos, porque tienen por gran afrenta que el marido vuelva sin la mujer, o ésta sin el marido, o el hijo, o el hermano; y de ello se deriva que en las batallas dudosas, si pueden, perseveran todos hasta la muerte.