UtopÃa
UtopÃa —No dudo —dijo el Cardenal— de que al hablar asà obréis con buena intención. Pero me parece que obrarÃais más sabiamente, si no más santamente, evitando contender con un necio en una querella tan ridÃcula.
—No señor, de ninguna manera obrarÃa más cuerdamente. Pues el mismo Salomón, sabio como ninguno, dice: «Responde al insensato de acuerdo con su necedad», que es precisamente lo que intento yo hacer. Le estoy demostrando además en qué abismo sin fondo va a ir a parar si no frena su lengua. Los que se mofaban de Eliseo eran muchos, y todos fueron castigados por haberse burlado de un solo hombre calvo. ¿Cómo no sentirá la cólera este hombre que pone en ridÃculo a tantos frailes entre los cuales se encuentran tantos calvos? Aparte de que tenemos una bula papal que excomulga a todos los que se rÃan de nosotros.
Viendo que las cosas no tenÃan viso de terminar, el Cardenal hizo una señal de cabeza al bufón para que se retirara y con tacto cambió de conversación. Después se levantó de la mesa, nos despidió y se aprestó a recibir en audiencia a las visitas solicitadas.