UtopÃa
UtopÃa —¿Sabéis —replicó Rafael— lo que me sucederÃa de obrar asÃ? Pues queriendo curar la locura de los demás me volverÃa tan loco como ellos. TendrÃa que repetirles, si he de decir la verdad, las mismas palabras que acabo de pronunciar. No sé si el mentir será propio de algún filósofo. Yo, en todo caso, no acostumbro. Concedo que mis palabras les puedan parecer desagradables y molestas. Lo que no concibo es que, por lo mismo, les puedan parecer ridÃculas e insolentes. Si les contase lo que Platón describe en su República, y las cosas que los utopianos hacen de su isla, les podrÃan parecer mejores, y ciertamente lo son, si bien extrañas. En efecto en ambos casos, todas las cosas son comunes, mientras que aquà rige la propiedad privada.