Piense y hágase rico
Piense y hágase rico Poco después de que Darby se doctorase en la «Universidad de los Porrazos», y decidiera aprovechar su experiencia en el asunto de la mina de oro, tuvo la buena fortuna de estar presente en una ocasión que le demostró que «No» está muy lejos de no. Una tarde ayudaba a su tÃo a moler trigo en un viejo molino. Éste dirigÃa una granja grande, donde vivÃan cierto número de granjeros arrendatarios de color. La puerta se abrió silenciosamente, y una niña, hija de uno de los arrendatarios, entró y se situó junto a la puerta.
El tÃo levantó la vista, miró a la niña y gritó con aspereza:
—¿Qué quieres?
—Mi mamá dice que le mande cincuenta centavos —respondió, humilde, la niña.
—Ni hablar —replicó el tÃo—, y ahora vete a tu casa.
—SÃ, señor —dijo la niña, pero no se movió.
El tÃo siguió con su trabajo, tan ocupado que no prestó atención a la niña y no se dio cuenta de que no se habÃa marchado. Cuando volvió a levantar la mirada y la vio allà parada, gritó:
—¡He dicho que te vayas a tu casa! Ahora, márchate o te daré una paliza.
—SÃ, señor —dijo la niña, pero siguió inmóvil.