Piense y hágase rico
Piense y hágase rico El secreto sirve por igual a todos aquellos que estén preparados para recibirlo. La educación no tiene nada que ver con él. Mucho antes de que yo naciera, el secreto alcanzó a ser propiedad de Thomas Alva Edison, el cual lo utilizó de manera tan inteligente que llegó a ser el inventor más importante del mundo, aunque apenas tenÃa tres meses de escolarización.
El secreto fue transmitido a Edwin C. Barnes, un socio de Edison, que lo utilizó con tanta eficacia, que, aunque sólo ganaba unos doce mil dólares anuales, acumuló una gran fortuna y se retiró del mundo de los negocios cuando todavÃa era muy joven. Se encontrará esta historia al comienzo del primer capÃtulo. Usted se convencerá de que la riqueza no está más allá de su alcance; que todavÃa puede llegar a ser lo que anhela; que el dinero, la fama, el reconocimiento y la felicidad pertenecen a todo aquel que esté preparado y decidido a tener esos beneficios.
¿Que cómo sé yo esas cosas? Usted deberá saberlo antes de que haya terminado este libro. Quizá lo descubra en el primer capÃtulo, o en la última página.
Mientras llevaba a cabo una tarea de veinte años de investigación, con la que me habÃa comprometido a instancias del señor Carnegie, analicé a centenares de hombres famosos, y muchos de ellos admitieron que habÃan acumulado su vasta fortuna mediante la ayuda del secreto de Carnegie; entre aquellos hombres se encontraban: