Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida Este cambio de contenido entre la conciencia y la inconsciencia, entre la vigilia y el sueño conduce a pensar, inevitablemente, en las ideas de la doctrina psicoanalítica, en Freud y su escuela, que, por lo demás, al decir de Albert Béguin, se apoyan en una metafísica más cercana a la de los pensadores del siglo XVIII que a la del Romanticismo. «La concepción del sueño y de toda la vida psíquica en que se funda el método psicoanalítico se opone a la esencia del Romanticismo, y a toda la poesía de ayer y de hoy que se relaciona con el Romanticismo». Indiferentes a los fines curativos que se propone el psicoanálisis, el Romanticismo y la poesía moderna buscan en las imágenes, aun en las imágenes mórbidas, el camino que conduce a regiones ignoradas del alma, «no por curiosidad ni para sanearlas, sino para encontrar en ellas el secreto de todo lo que, en el tiempo y en el espacio, nos prolonga más allá de nosotros mismos y hace de nuestra existencia actual un simple punto en la línea de un destino infinito». Curar al hombre de sus neurosis, curar al poeta de sus visiones, de sus delirios, de sus obsesiones y de sus sueños parece ser la pretensión del psicoanalista, cuando precisamente Edgar Allan Poe, Baudelaire y más tarde los sobrerrealistas no han dudado en enfermarlo más profundamente. Porque, ¿no han pensado los psicoanalistas que —parafraseando la afirmación de Gérard de Nerval— la enfermedad es nuestra segunda salud, del mismo modo que el sueño es nuestra segunda vida?