Aurelia o El sueno y la vida
Aurelia o El sueno y la vida ¿Cómo pintar la extraña desesperación a que estas ideas me redujeron poco a poco? Un genio perverso había tomado mi lugar en el mundo de las almas; para Aurelia, era yo mismo, y el espíritu desoldado que vivificaba mi cuerpo, debilitado, desdeñado, ignorado por ella, se veía para siempre destinado a la desesperación y la nada. Empleé todas las fuerzas de mi voluntad en penetrar aún más el misterio del cual había sólo conseguido levantar algunos velos. El sueño se mofaba a veces de mis esfuerzos y sólo me traía figuras gesticulantes y fugitivas. No puedo dar aquí sino una idea extravagante del resultado de aquel debate espiritual. Me sentía resbalar como sobre un hilo tenso cuya longitud fuera infinita. La tierra, atravesada por venas coloreadas de metales fundidos, como la había visto anteriormente, se iluminaba poco a poco por la efusión del fuego central, cuya blancura se fundía con los tintes cereza que coloreaban los flancos del orbe interior. Me asombraba a veces de encontrar vastas capas de agua, suspendidas como las nubes en el aire, y sin embargo ofreciendo una tal densidad que hacía posible separar copos; pero es evidente que se trataba allí de un líquido diverso al agua terrestre, y que era sin duda evaporación de lo que representaba al mar y a los ríos para el mundo de los espíritus.
