Sylvie
Sylvie Olvidado vestigio de las piadosas fundaciones comprendidas entre los dominios que antaño recibieron el nombre de alquerías de Carlomagno, este antiguo recinto de emperadores sólo ofrece a la admiración del viajero las ruinas del claustro de arcadas bizantinas cuya última hilera todavía se recorta sobre los estanques. En esta comarca, aislada del tráfago de los caminos y de las ciudades, la religión ha conservado las peculiares huellas dejadas por las largas estancias de los cardenales de la casa de Éste, en la época de los Médicis: sus atributos y sus costumbres poseen todavía cierta impronta galante y poética, y bajo los arcos de finas nervaduras de las capillas, decoradas por artistas llegados de Italia, se respira un aroma renacentista. Las figuras de los santos y de los ángeles se perfilan, rosadas, sobre las bóvedas pintadas de azul celeste con influencias de alegorías paganas que hacen pensar en la sentimentalidad de Petrarca y en el fabuloso misticismo de Francesco Colonna.