Sylvie
Sylvie Aurélie aceptó el papel principal del drama que escribà en Alemania. Nunca olvidaré el dÃa en que me permitió leerle la obra. Escribà las escenas de amor pensando en ella. Creo que las recité con el alma; pero, sobre todo, con entusiasmo. En la conversación que siguió, confesé ser el desconocido de las dos cartas.
—Está usted loco, pero vuelva a visitarme… Nunca he conseguido encontrar a alguien que sepa amarme.
¡Oh, mujer! ¡Buscabas el amor…! ¿Y yo…?
Durante los dÃas que siguieron a aquella entrevista, escribà las cartas más tiernas, más hermosas que, seguramente, nunca habÃa recibido. Yo recibÃa las suyas, llenas de sensatez. Hasta que se sintió conmovida. Entonces me llamó a su lado y me confesó que le resultaba muy difÃcil romper una relación más antigua.
—Si en verdad me ama por mà —me dijo—, comprenderá que sólo puedo pertenecer a un hombre.
Al cabo de dos meses recibà una carta llena de efusión. Corrà a su casa. Antes, alguien me habÃa revelado un dato previo. El apuesto joven a quien habÃa conocido una noche, en el cÃrculo, acababa de alistarse de spahis.