Poesia y prosa
Poesia y prosa Una vez que el alma escapa a los sentidos (y en vida suele escapar por medio del éxtasis) el tiempo deja de estar en su plano. Su ser es algo distinto de la sucesión y de la duración. Nosotros aquà nos imaginamos contar su bienaventuranza al compás de nuestros relojes…, pero ella es la manumisa y no cae ya bajo esa férula…
Por los siglos de los siglos evolucionarán los universos, mas las almas emancipadas siempre se hallan en el mismo instante, indivisible y sin duración. Y aún élsiempre sobra aquÃ. Basta decir están, o mejor acaso, son.
Los grandes amores tienen la noción inexpresable de estas cosas y yo la tenÃa y de seguro la tenÃa Blanca a mi lado.
Al volver al plano de la duración, unÃamos los dos cabos sueltos de tiempo y nos dábamos cuenta de las horas transcurridas. Con la mirada vaga y los pies poco firmes, como el niño que se ha quedado traspuesto en un sillón y a quien se lleva a la cama, descendÃamos casi automáticamente a nuestros camarotes, donde un sueño blando sustituÃa al blando éxtasis.
¡Con qué tristeza volvà a pisar tierra en Barcelona! Era el final de un corto ensueño. ¿Corto? ¡No!, de un ensueño en que habÃamos aprisionado toda la eternidad.