Poesia y prosa
Poesia y prosa Amnesia

¿Recordaréis que os hablé al principio de amigos piadosos que, cuando resolvà casarme con Luisa intentaron disuadirme, porque la conocÃan y trataban, y conociéndola y tratándola sabÃan que corrÃa yo con ella al abismo?
Pues uno de estos benévolos amigos dio de manos a boca con nosotros en el paseo de Gracia, pocas horas después del desembarco.
En cuanto nos vio dirigiose rápido a saludarnos y yo no tuve tiempo de prevenirlo acerca de la metamorfosis de mi esposa.
La escena fue por todo extremo pintoresca.
—Hola, Pablo; hola, Luisa —exclamó.
«Luisa» se quedó inmóvil.
Yo estreché la mano de mi amigo y guiñé un ojo, guiño absolutamente inútil como ustedes comprenderán.
Insistió él en saludar a mi mujer, quien extendió al fin la diestra, que él besó, no sin cierto azoramiento.
—Está usted un poquito desmejorada —observó el intruso—; ¿ha estado enferma?
—¿Pero quién es este caballero? —preguntó ella ingenuamente.