Poesia y prosa
Poesia y prosa —Mirad bien a este caballero y decid si os place su retrato —Y le indicaba en un caballete cercano, un lienzo, empezado, como los otros, numerosos, que se veÃan por todas partes.
En él, el caballero aparecÃa de pie y de frente, con la mano izquierda, larga y espatulada, apoyándose sobre el pecho, separados el pulgar, el Ãndice y el dedo meñique, y unidos los otros dos en esa elegante disposición tan cara a los viejos maestros. La barba, negra y puntiaguda también, caÃa con cierta austeridad sobre su gola blanca, y sus ojos tranquilos parecÃan ver, sin mirar, un punto lejano. Al lado izquierdo, abocetado aún, se percibÃa el puño de su acero.
—Admirable es el lienzo —exclamó sinceramente Lope.
—¿Os gusta, eh? Pues a vos también he de retrataros un dÃa —respondió, visiblemente complacido, el pintor.
—¿Sabéis, Gaetano, que vuestro amigo tiene una fisonomÃa interesante? —agregó—. Mi maestro el gran Tiziano afirmaba que no se deben retratar sino aquellos rostros en los que la naturaleza ha impreso un especial carácter. No era él, ciertamente, un retratista complaciente, y aun los prÃncipes hubieron de insistir para que los pintase.