Poesia y prosa
Poesia y prosa Un sueño
Mirando caer la tarde

Gaetano acompañó a Lope hasta el portal de su casa, después de haber dejado los dos a Domenikos en la suya, y ahí se despidieron los amigos, aquél, siempre vivo y alegre; éste, un poco impresionado y confuso todavía.
Cuando Lope subió a su bohardilla, Mencía trabajaba aún en su bastidor. Por la ventana abierta entraba la viva luz de una tarde estival.
La incomparable criatura dejó su labor y fue al encuentro de su marido, riente y amorosa.
—La tarde no puede ser más bella —dijo—. ¿Iremos a pasear?
—Iremos —respondió encantado el orfebre; y calándose el modesto bonete de fieltro gris con pluma negra mientras ella se ponía el manto, descendieron la empinada escalera y pronto se encontraron en el Zocodover.
Varios vecinos le saludaron al paso.
—¡Dios acompañe a vuesas mercedes! —díjoles una vieja que tomaba el sol en un portalucho húmedo.
Numerosos mendigos rodeáronles, y con tan instantes súplicas los acosaron, que Lope puso en sus manos algunos maravedises.