Poesia y prosa
Poesia y prosa Una mentira

Pero… ¿y si todas aquellas imaginaciones fuesen falsas; si Blanca no le hubiese engañado; si su mentira hubiese sido una mentira inocente?
¡Y cómo saberlo!
¿Bastarían, acaso, las protestas de ella?
Lloraría, se indignaría, negaría patéticamente… Pero él, ¡cómo podría creerla!, ¡cómo podría creerla por más que toda su alma y todas sus entrañas quisieran aferrarse a esta creencia!
Cuando la duda enraíza en el espíritu, sabemos bien qué enorme esfuerzo se requiere para desceparla.
Su paz, su felicidad, estaban arruinadas para siempre: esto lo sabía él con la lucidez dolorosa de los instantes definitivos.
Acaso ya no habría poder humano capaz de disipar en absoluto su sospecha…
¡Sí, le escribiría aquella carta y partiría para siempre!
… Pero ¿y su puesto, su carrera, el escándalo?… ¡Ah! Cuántos hombres ante estos fantasmas habían inclinado la cabeza y preferido la vergüenza silenciosa; la «ignorancia» sonriente, esa frivolidad mundana que suele ser una actitud elegante y cómoda ante las grandes tragedias morales.
¡Más él no haría eso!
