Cuando te encuentre
Cuando te encuentre Beth lo miró con desconfianza al principio, pero su atención pronto se desvió al perro. —Es hermoso. ¿Cómo se llama? —Zeus —respondió Logan, con una leve sonrisa.
Mientras Beth inspeccionaba a Zeus, Logan notó su lenguaje corporal. Era fuerte, sí, pero también parecía cargada con un peso invisible. Supo al instante que no podía mencionar la fotografía. No aún. No podía irrumpir en su vida con una historia que sonaba absurda hasta para él.
Beth accedió a darle una oportunidad en el refugio. Trabajar allí era sencillo, pero lo que lo complicaba era la presencia constante de Keith Clayton, el exmarido de Beth y un ayudante del sheriff cuya sonrisa era tan falsa como peligrosa. Keith lo estudió desde el principio, como un perro marcando territorio. —¿De dónde saliste? —preguntó Keith un día, acercándose demasiado. —De Colorado —respondió Logan, sin ceder terreno.
El tono casual de Keith escondía amenazas. Logan entendió que este hombre no solo era una sombra en la vida de Beth, sino un peligro tangible que acechaba a Ben, el pequeño hijo de ella.
