Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Todos quieren llegar al trono: su demencia consiste en creer – ¡que la felicidad se sienta en el trono! Con frecuencia es el fango el que se sienta en el trono – y también a menudo el trono se sienta en el fango.
Dementes son para mà todos ellos, y monos trepadores y fanáticos. Su Ãdolo, el frÃo monstruo, me huele mal: mal me huelen todos ellos juntos, esos idólatras.
Hermanos mÃos, ¿es que queréis asfixiaros con el aliento de sus hocicos y de sus concupiscencias? ¡Es mejor que rompáis las ventanas y saltéis al aire libre!
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos de la idolatrÃa de los superfluos!
¡Apartaos del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos!
Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. VacÃos se encuentran aún muchos lugares para eremitas solitarios o en pareja, en torno a los cuales sopla el perfume de mares silenciosos.
Aún hay una vida libre a disposición de las almas grandes. En verdad, quien poco posee, tanto menos es poseÃdo: ¡alabada sea la pequeña pobreza![85]
Allà donde el Estado acaba comienza el hombre que no es superfluo: allà comienza la canción del necesario, la melodÃa única e insustituible.
Allà donde el Estado acaba, – ¡miradme allÃ, hermanos mÃos! ¿No veis el arco iris y los puentes del superhombre? –