Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Para mí tenéis ojos demasiado crueles, y miráis lascivamente a los que sufren. ¿Es que vuestra voluptuosidad no ha hecho más que enmascararse, y se llama compasión?

Y también os propongo esta parábola: no pocos que quisieron expulsar a su demonio fueron a parar ellos mismos dentro de los cerdos[88].

A quien la castidad le resulte difícil se le debe desaconsejar: para que no se convierta ella en el camino hacia el infierno – es decir, hacia el fango y la lascivia del alma[89].

¿Hablo yo de cosas sucias? Para mí no es esto lo peor.

Al hombre del conocimiento le disgusta bajar al agua de la verdad no cuando está sucia, sino cuando no es profunda.

En verdad, hay personas castas de raíz: son dulces de corazón, ríen con más gusto y más frecuencia que vosotros.

Se ríen incluso de la castidad y preguntan: «¡Qué es castidad!

¿No es castidad una tontería? Pero esa tontería ha venido a nosotros, y no nosotros a ella.

Hemos ofrecido albergue y corazón a ese huésped: ahora habita en nosotros, – ¡que se quede todo el tiempo que quiera!».

Así habló Zaratustra.


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