Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Así estoy en medio de mi obra, yendo hacia mis hijos y volviendo de ellos: por amor a sus hijos tiene Zaratustra que consumarse a sí mismo.
Pues radicalmente se ama tan sólo al propio hijo[291] y a la propia obra; y donde existe gran amor a sí mismo, allí hay señal de embarazo: esto es lo que he encontrado.
Todavía verdean mis hijos en su primera primavera, unos junto a otros y agitados por vientos comunes, árboles de mi jardín y de mi mejor tierra.
¡Y en verdad!, ¡donde se apiñan tales árboles, allí existen islas afortunadas!
Pero alguna vez quiero trasplantarlos y ponerlos separados unos de otros: para que cada uno aprenda soledad, y tenacidad, y cautela.
Nudoso y retorcido y con flexible dureza deberá estar entonces para mí junto al mar, faro viviente de vida invencible.
Allí donde las tempestades se precipitan en el mar y la trompa de las montañas bebe agua, allí debe realizar cada uno alguna vez sus guardias de día y de noche, para su examen y conocimiento.
Conocido y examinado debe ser, para que se sepa si es de mi especie y de mi procedencia, – si es señor de una voluntad larga, callado aun cuando habla, y de tal modo dispuesto a dar, que al dar tome: –