Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Y a menudo he sentido deseos de sujetarlas con los dentados alambres áureos del rayo, y golpear los timbales, como el trueno, sobre su panza de caldera: –
– ser un encolerizado timbalero, porque me roban tu ¡sÃ! y ¡amén!, ¡cielo por encima de mÃ, tú puro! ¡Luminoso! ¡Abismo de luz! – porque te roban mi ¡sÃ! y ¡amén!
Pues prefiero el ruido y el trueno y las maldiciones del mal tiempo a esta circunspecta y dubitante quietud gatuna; y también entre los hombres, a los que más odio es a todos los que andan sin ruido, y a todos los medias tintas, y a los que son como dubitantes e indecisas nubes pasajeras.
¡Y «el que no pueda bendecir debe aprender a maldecir»![296] – esta luminosa enseñanza me cayó de un cielo luminoso, esta estrella brilla en mi cielo hasta en las noches negras.
Mas yo soy uno que bendice y que dice sÃ, con tal de que tú estés a mi alrededor, ¡tú puro!, ¡luminoso!, ¡tú abismo de luz! – a todos los abismos llevo yo entonces, como una bendición, mi decir sÃ.
Me he convertido en uno que bendice y que dice sÃ, y he luchado durante largo tiempo, y fui un luchador, a fin de tener un dÃa las manos libres para bendecir.