Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Meten ruido entre ellos: «¿Qué quiere de nosotros esa nube sombría? ¡Cuidemos de que no nos traiga una peste!».

Y hace poco una mujer atrajo a sí violentamente a su hijo, que quería venir a mí: «¡Llevaos los niños!», gritó; «esos ojos chamuscan las almas infantiles»[302].

Tosen cuando yo hablo: creen que toser es un argumento contra vientos poderosos – ¡no adivinan nada del rugir de mi felicidad!

«Todavía no tenemos tiempo para Zaratustra» – esto es lo que objetan; pero ¿qué importa un tiempo que «no tiene tiempo» para Zaratustra?

Y hasta cuando me alaban: ¿cómo podría yo adormecerme sobre su alabanza? Un cinturón de espinas es para mí su alabanza: me araña todavía después de haberlo apartado de mí.

Y también he aprendido esto entre ellos: el que alaba se imagina que restituye algo, ¡pero en verdad quiere recibir más regalos!

¡Preguntad a mi pie si le agrada la forma de alabar y de atraer de ellos! En verdad, a ese ritmo y a ese tictac no le gusta a mi pie ni bailar ni estar quieto.

Hacia la virtud pequeña quisieran atraerme y elogiármela; hacia el tictac de la felicidad pequeña quisieran persuadir a mi pie.


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