Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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La luna tiene su corte, y la corte tiene sus imbéciles: mas a todo lo que viene de la corte le imploran el pueblo de mendigos y toda obsequiosa virtud de pordioseros.

“Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos”[320] – así eleva sus plegarias al príncipe toda virtud obsequiosa: ¡para que la merecida estrella se prenda por fin al estrecho tórax!

Mas la luna continúa girando en torno a todo lo terreno: así continúa girando también el príncipe en torno a lo más terreno de todo –: y eso es el oro de los tenderos.

El dios de los ejércitos no es el dios de las barras de oro; el príncipe propone ¡pero el tendero – dispone!

¡Por todo lo que en ti es luminoso, y fuerte, y bueno, oh Zaratustra! ¡Escupe a esta ciudad de tenderos y date la vuelta!

Aquí toda sangre corre perezosa y floja y espumosa por todas las venas: ¡escupe a la gran ciudad, que es el gran vertedero donde espumea junta toda la escoria!

Escupe a la ciudad de las almas aplastadas y de los pechos estrechos, de los ojos afilados, de los dedos viscosos –

– a la ciudad de los importunos, de los desvergonzados, de los escritorzuelos y vocingleros, de los ambiciosos sobrerrecalentados: –


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