Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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– en donde todo lo podrido, desacreditado, lascivo, sombrío, superputrefacto, ulcerado, conjurado supura todo junto: –

– ¡escupe a la gran ciudad y date la vuelta!». – –

Pero aquí Zaratustra interrumpió al necio cubierto de espumarajos y le tapó la boca.

«¡Acaba de una vez!, gritó Zaratustra, ¡hace ya tiempo que tus palabras y tus modales me producen náuseas!

¿Por qué has habitado durante tanto tiempo en la ciénaga, hasta el punto de que tú mismo tuviste que convertirte en rana y en sapo?

¿No corre incluso por tus venas una perezosa y espumosa sangre de ciénaga, de modo que también tú has aprendido a croar y a blasfemar así?

¿Por qué no te has marchado tú al bosque? ¿O has arado la tierra? ¿No está acaso el mar lleno de verdes islas?

Yo desprecio tu despreciar; y puesto que me has advertido a mí, – ¿por qué no te advertiste a ti?

Sólo del amor deben salir volando mi despreciar y mi pájaro amonestador: ¡pero no de la ciénaga! –

Te llaman mi mono, necio cubierto de espumarajos: mas yo te llamo mi cerdo gruñón, – con tu gruñido me estropeas incluso mi elogio de la necedad.


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