Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra «Pero ¿tiene hijos? ¡Nadie puede demostrarlo si él mismo no lo demuestra! Hace ya mucho tiempo que yo quisiera que lo demostrase alguna vez de verdad».
«¿Demostrar? ¡Como si él hubiera demostrado alguna vez algo! El demostrar le resulta difícil; da mucha importancia a que se le crea».
«¡Sí! ¡Sí! La fe le hace bienaventurado[331], la fe en él. ¡Tal es el modo de ser de los viejos! ¡Así nos va también a nosotros!». –
– De este modo hablaron entre sí los dos viejos vigilantes nocturnos y los dos temerosos de la luz, y después se pusieron, atribulados, a soplar en sus cuernos: esto ocurrió ayer por la noche junto al muro del jardín.
Pero a mí el corazón se me retorcía de risa, y quería explotar, y no sabía hacia dónde, y se hundió en el diafragma.
En verdad, ésta llegará a ser mi muerte, asfixiarme de risa al ver asnos ebrios y al oír a vigilantes nocturnos dudar de Dios.
¿No hace ya mucho que pasó el tiempo de tales dudas? ¡A quién le es lícito seguir desvelando tales cosas viejas y adormecidas, que temen la luz!
Los viejos dioses hace ya mucho tiempo, en efecto, que se acabaron: – ¡y en verdad, tuvieron un buen y alegre final de dioses!