AsĂ hablĂł Zaratustra
AsĂ hablĂł Zaratustra AquĂ todas las cosas acuden acariciadoras a tu discurso y te halagan: pues quieren cabalgar sobre tu espalda. Sobre todos los sĂmbolos cabalgas tĂş aquĂ hacia todas las verdades[336].
Con franqueza y sinceridad te es lĂcito hablar aquĂ a todas las cosas: y, en verdad, como un elogio suena a sus oĂdos el que alguien hable con todas las cosas – ¡derechamente!
Pero otra cosa distinta es el estar abandonado. Pues ¿lo sabes aún, Zaratustra? Cuando en otro tiempo tu pájaro lanzó un grito por encima de ti, hallándote tú en el bosque, sin saber adonde ir, inexperto, cerca de un cadáver: –
– y tĂş dijiste: ¡que mis animales me guĂen! He encontrado más peligros entre los hombres que entre los animales[337] – ¡aquello era abandono!
ÂżY lo sabes aĂşn, oh Zaratustra? Cuando estabas sentado en tu isla, siendo una fuente de vino entre cántaros vacĂos, dando y repartiendo, regalando y escanciando entre sedientos:
– hasta que por fin fuiste tú el único que allà se hallaba sediento entre borrachos, y por las noches te lamentabas “¿tomar no es una cosa más dichosa que dar? ¿Y robar, una cosa más dichosa que tomar?”[338] – ¡aquello era abandono!