Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra ¡Oh soledad! ¡Tú patria mÃa, soledad! ¡Ha sido demasiado el tiempo que he vivido de modo salvaje en salvajes paÃses extraños como para que no retorne a ti con lágrimas en los ojos!
Pero ahora amenázame tan sólo con el dedo, como amenazan las madres, ahora sonrÃeme como sonrÃen las madres, ahora di únicamente: «¿Y quién fue el que, en otro tiempo, como un viento tempestuoso se alejó de mÃ? –
– que al despedirse exclamó: ¡demasiado tiempo he estado sentado junto a la soledad, allà he desaprendido a callar! ¿Esto – lo has aprendido ahora acaso?
Oh Zaratustra, yo lo sé todo: ¡y que tú has estado más abandonado entre los muchos, tú uno solo, que jamás lo estuviste a mi lado!
Una cosa es abandono, y otra cosa distinta, soledad: ¡Esto – lo has aprendido ahora! Y que entre los hombres serás tú siempre salvaje y extraño:
– salvaje y extraño aun cuando te amen: ¡pues lo que ellos quieren ante todo es que se los trate con indulgencia!
Mas aquÃ, en tu casa, aquà te hallas en tu patria y en tu hogar; aquà puedes decirlo todo y manifestar con franqueza todas tus razones, nada se avergüenza aquà de sentimientos escondidos, empedernidos.
