Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra No me gusta respirar su aliento; ¡ay, que yo haya vivido tanto tiempo en medio de su ruido y de su mal aliento!
¡Oh bienaventurado silencio a mi alrededor! ¡Oh puros aromas en torno a mí![341] ¡Oh cómo estos silencios aspiran un aire puro desde un pecho profundo! ¡Oh cómo escucha este bienaventurado silencio!
Pero allá abajo – allá todo habla, nada es escuchado. Aunque alguien anuncie su sabiduría con tañidos de campanas: ¡los tenderos del mercado ahogarán su sonido con peniques!
Todo habla entre ellos, nadie sabe ya entender. Todo cae al agua, nada cae ya en pozos profundos.
Todo habla entre ellos, nada se logra ya ni llega a su final. Todo cacarea, mas ¿quién quiere aún sentarse callado en el nido y encobar huevos?
Todo habla entre ellos, todo queda triturado a fuerza de palabras. Y lo que todavía ayer resultaba demasiado duro para el tiempo mismo y para su diente: hoy cuelga, raído y roído, de los hocicos de los hombres de hoy.
Todo habla entre ellos, todo es divulgado. Y lo que en otro tiempo se llamó misterio y secreto de almas profundas, hoy pertenece a los pregoneros de las callejas y a otras mariposas.
¡Oh ser del hombre, extraño ser! ¡Tú ruido en callejas oscuras! Ahora vuelves a yacer por debajo de mí: – ¡mi máximo peligro yace a mis espaldas!