Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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Ambición de dominio: la maligna traba impuesta a los pueblos más vanidosos; algo que se burla de toda virtud incierta; algo que cabalga sobre todos los corceles y sobre todos los orgullos.

Ambición de dominio: el terremoto que rompe y destruye todo lo putrefacto y carcomido; algo que, avanzando como una avalancha retumbante y castigadora, hace pedazos los sepulcros blanqueados[347]; la interrogación fulminante puesta junto a respuestas prematuras.

Ambición de dominio: ante su mirada el hombre se arrastra y se agacha y se vuelve servil y cae aún más bajo que la serpiente y el cerdo: – hasta que finalmente el gran desprecio grita desde su boca –,

Ambición de dominio: la terrible maestra del gran desprecio, que predica a la cara de ciudades y de imperios «¡fuera tú!» – hasta que de ellos mismos sale este grito «¡fuera yo!».

Ambición de dominio: que, sin embargo, también asciende, con sus atractivos, hasta los puros y solitarios y hasta las alturas que se bastan a sí mismas, ardiente como un amor que pinta seductoramente purpúreas bienaventuranzas en el cielo de la tierra.

Ambición de dominio: ¡mas quién llamaría ambición[348] a que lo alto se rebaje a desear el poder! ¡En verdad, nada malsano ni codicioso hay en tales deseos y descensos!


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