Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra El que la solitaria altura no quiera permanecer eternamente solitaria y eternamente autosuficiente; el que la montaña descienda al valle y los vientos de la altura a las hondonadas: –
¡oh quién pudiera encontrar el nombre apropiado de una virtud para bautizar este anhelo! «Virtud que hace regalos»[349] – este nombre dio Zaratustra en otro tiempo a lo innombrable.
Y entonces ocurrió también, —¡y, en verdad, ocurrió por vez primera!— que su palabra llamó bienaventurado al egoÃsmo[350], al egoÃsmo saludable, sano, que brota de un alma poderosa: –
– de un alma poderosa, a la que corresponde el cuerpo elevado, el cuerpo bello, victorioso, reconfortante, en torno al cual toda cosa se transforma en espejo:
– el cuerpo flexible, persuasivo, el bailarÃn, del cual es sÃmbolo y compendio el alma gozosa de sà misma. El goce de tales cuerpos y de tales almas en sà mismos se da a sà este nombre: «virtud».
Con sus palabras bueno y malo se resguarda tal egoÃsmo como con bosques sagrados; con los nombres de su felicidad destierra de sà todo lo despreciable.
Lejos de sà destierra el egoÃsmo todo lo cobarde; dice: lo malo – ¡es cobarde! Despreciable le parece a él el hombre siempre preocupado, gimiente, quejumbroso, y quien recoge del suelo incluso las más mÃnimas ventajas.