Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Por fin, al cabo de siete dÃas, Zaratustra se irguió en su lecho, tomó en la mano una manzana de rosa, la olió y encontró agradable su olor. Entonces creyeron sus animales que habÃa llegado el tiempo de hablar con él.
«Oh Zaratustra, dijeron, hace ya siete dÃas que estás asà tendido, con pesadez en los ojos: ¿no quieres por fin ponerte otra vez de pie?
Sal de tu caverna: el mundo te aguarda como un jardÃn. El viento juega con densos aromas que quieren venir hasta ti; y todos los arroyos quisieran correr detrás de ti.
Todas las cosas sienten anhelo de ti, porque has permanecido solo siete dÃas, – ¡sal fuera de tu caverna! ¡Todas las cosas quieren ser tus médicos!
¿Es que ha venido a ti un nuevo conocimiento, un conocimiento ácido, pesado? Como masa acedada yacÃas tú ahÃ, tu alma se hinchaba y rebosaba por todos sus bordes». –
– ¡Oh animales mÃos, respondió Zaratustra, seguid parloteando asà y dejad que os escuche! Me reconforta que parloteéis: donde se parlotea, allà el mundo se extiende ante mà como un jardÃn.
Qué agradable es que existan palabras y sonidos: ¿palabras y sonidos no son acaso arcos iris y puentes ilusorios tendidos entre lo eternamente separado?