Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Durante demasiado tiempo se les ha dado la razón a esas gentes pequeñas: con ello se les ha acabado por dar, finalmente, también el poder – ahora enseñan: “Bueno es tan sólo aquello que las gentes pequeñas llaman bueno”.
Y “verdad” se llama hoy lo que dijo el predicador que procedía de ellos, aquel extraño santo y abogado de las gentes pequeñas, que atestiguó de sí mismo “yo – soy la verdad”.
Desde hace ya mucho tiempo ese presuntuoso hace hinchar la cresta a las gentes pequeñas, – él, que enseñó un error nada pequeño cuando enseñó “yo – soy la verdad”[490].
¿Se ha dado nunca una respuesta más cortés a un presuntuoso? – Pero tú, oh Zaratustra, lo dejaste de lado al pasar y dijiste: “¡No! ¡No! ¡Tres veces no!”.
Tú pusiste en guardia contra la compasión – no a todos, no a nadie[491], sino a ti y a los de tu especie.
Tú te avergüenzas de la vergüenza del que sufre mucho; y en verdad, cuando dices “de la compasión procede una gran nube, ¡atención, hombres!”.
– cuando enseñas “todos los creadores son duros, todo gran amor está por encima de su propia compasión”[492]: ¡oh Zaratustra, qué bien me pareces entender de signos meteorológicos!