Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Pero tú mismo – ¡ponte en guardia también a ti mismo contra tu compasión! Pues muchos se encuentran en camino hacia ti, muchos que sufren, que dudan, que desesperan, que se ahogan, que se hielan –
También contra mà te pongo en guardia. Tú has adivinado mi mejor, mi peor enigma, a mà mismo y lo que yo habÃa hecho. Yo conozco el hacha que te derriba.
Pero Él – tenÃa que morir: miraba con unos ojos que lo veÃan todo, – veÃa las profundidades y las honduras del hombre, toda la encubierta ignominia y fealdad de éste.
Su compasión carecÃa de pudor: penetraba arrastrándose hasta mis rincones más sucios[493]. Ese máximo curioso, super-indiscreto, super-compasivo, tenÃa que morir.
Me veÃa siempre: de tal testigo quise vengarme – o dejar de vivir.
El Dios que veÃa todo, también al hombre: ¡ese Dios tenÃa que morir! El hombre no soporta que tal testigo viva».
Asà habló el más feo de los hombres. Y Zaratustra se levantó y se dispuso a irse: pues estaba aterido hasta las entrañas.
«Tú, inexpresable, dijo, me has puesto en guardia contra tu camino. Para agradecértelo voy a alabarte los mÃos. Mira, allá arriba está la caverna de Zaratustra.