Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra En todas las superficies he estado ya sentado, en espejos y cristales de ventanas me he dormido, semejante a polvo cansado: todas las cosas toman algo de mÃ, ninguna me da nada, yo adelgazo, – casi me parezco a una sombra.
Pero a ti, oh Zaratustra, es a quien más tiempo he seguido volando y corriendo, y aunque de ti me ocultase he sido, sin embargo, tu mejor sombra: en todos los lugares en que has estado sentado tú, allà estaba también sentado yo.
Contigo he andado errante por los mundos más lejanos, más frÃos, semejante a un fantasma que corre voluntariamente sobre tejados invernales y sobre nieve.
Contigo he aspirado a todo lo prohibido[503], a lo peor, a lo más remoto: y si hay en mà algo que sea virtud, eso es el no haber tenido miedo de ninguna prohibición.
Contigo he quebrantado aquello que en otro tiempo mi corazón veneró, he derribado todos los mojones y todas las imágenes, he perseguido los deseos más peligrosos, – en verdad, por encima de todos los crÃmenes he pasado corriendo alguna vez.
Contigo perdà la fe en palabras y valores y en grandes nombres. Cuando el diablo cambia de piel, ¿no se despoja también de su nombre? El nombre es, en efecto, también piel. El diablo mismo es tal vez – piel.