Así habló Zaratustra

Así habló Zaratustra

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“Nada es verdadero, todo está permitido”[504]: así me decía yo para animarme. En las aguas más frías me arrojé de cabeza y de corazón. ¡Ay, cuántas veces me he encontrado, por esta causa, desnudo como un rojo cangrejo!

¡Ay, dónde se me han ido todo el bien y toda la vergüenza y toda la fe en los buenos! ¡Ay, dónde se ha ido aquella mentida inocencia que en otro tiempo yo poseía, la inocencia de los buenos y de sus nobles mentiras![505]

Con demasiada frecuencia, en verdad, he seguido de cerca a la verdad, pegado a sus pies: entonces ella me pisaba la cabeza. A veces yo creía mentir, y, ¡mira!, sólo entonces acertaba – con la verdad.

Demasiadas cosas se me han aclarado: y ahora nada me importa ya. Nada vive ya que yo ame, – ¿cómo iba a continuar amándome a mí mismo?

“Vivir como me plazca, o no vivir en absoluto”: eso es lo que quiero yo, eso es lo que quiere también el más santo. Mas ¡ay!, ¿tengo yo ya – placer en algo?

¿Tengo yo – todavía una meta? ¿Un puerto hacia el que naveguen mis velas?

¿Un buen viento? Ay, sólo quien sabe hacia dónde navega sabe también qué viento es bueno y cuál es el favorable para su navegación.


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