Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra ¿Qué me ha quedado ya? Un corazón cansado y desvergonzado; una voluntad inestable; alas para revolotear; un espinazo roto.
Esta búsqueda de mi hogar: oh Zaratustra, lo sabes bien, esta búsqueda ha sido mi aflicción[506], que me devora.
“¿Dónde está – mi hogar?”. Por él pregunto y busco y he buscado, y no lo he encontrado. ¡Oh eterno estar en todas partes, oh eterno estar en ningún sitio, oh eterno – en vano!».
Así habló la sombra, y el rostro de Zaratustra se fue alargando al escuchar sus palabras. «¡Tú eres mi sombra!, dijo por fin con tristeza.
Tu peligro no es pequeño, ¡tú espíritu libre y viajero! Has tenido un mal día: ¡procura que no te toque un atardecer aún peor!
A los errantes como tú, incluso una cárcel acaba pareciéndoles la bienaventuranza. ¿Has visto alguna vez cómo duermen los criminales encarcelados? Duermen tranquilamente, disfrutan su nueva seguridad.
¡Ten cuidado de no caer, al final, prisionero de una fe más estrecha todavía, de una ilusión dura, rigurosa! A ti, en efecto, ahora te tienta y te seduce todo lo que es riguroso y sólido.
Has perdido la meta: ay, ¿cómo podrás librarte de esa pérdida y consolarte de ella? Al perder la meta – ¡has perdido también el camino!