AsĂ hablĂł Zaratustra
AsĂ hablĂł Zaratustra Y ya, hombres superiores – permitidme cosquillearos con este nombre de alabanza y de lisonja, como Ă©l mismo – ya me acomete mi perverso espĂritu de engaño y de magia, mi demonio melancĂłlico,
– el cual es un adversario[540] a fondo de este Zaratustra: ¡perdonadle! Ahora quiere mostrar su magia ante vosotros, justo en este instante tiene su hora; en vano lucho con este espĂritu malvado.
A todos vosotros, cualesquiera sean los honores que os atribuyáis con palabras, ya os llamĂ©is “los espĂritus libres” o “los veraces”, o “los penitentes del espĂritu”, o “los liberados de las cadenas”, o “los hombres del gran anhelo”, –
– a todos vosotros que sufrĂs de la gran náusea como yo, a quienes el viejo Dios se les ha muerto sin que todavĂa ningĂşn nuevo Dios yazga en la cuna entre pañales[541], – a todos vosotros os es propicio mi espĂritu y mi demonio-mago.
Yo os conozco a vosotros, hombres superiores, yo lo conozco a Ă©l, – yo conozco tambiĂ©n a ese espĂritu maligno, al cual amo a mi pesar, a ese Zaratustra: Ă©l mismo me parece, con mucha frecuencia, semejante a la bella máscara de un santo,
– semejante a una nueva y extraña máscara, en la que se complace mi espĂritu malvado, el demonio melancĂłlico: – yo amo a Zaratustra, asĂ me parece a menudo, a causa de mi espĂritu malvado. –