Así habló Zaratustra
Así habló Zaratustra Pero ya me acomete y me subyuga este espíritu de la melancolía, este demonio del crepúsculo vespertino: y, en verdad, hombres superiores, se le antoja –
– ¡abrid los ojos! – se le antoja venir desnudo, si como hombre o como mujer, aún no lo sé: pero llega, me subyuga, ¡ay!, ¡abrid vuestros sentidos!
El día se extingue, para todas las cosas llega ahora el atardecer, incluso para las cosas mejores; ¡oíd y ved, hombres superiores, qué demonio es, ya hombre, ya mujer, este espíritu de la melancolía vespertina!».
Así habló el viejo mago, miró sagazmente a su alrededor y luego cogió su arpa.
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Cuando el aire va perdiendo luminosidad,
Cuando ya el consuelo del rocío
Cae gota a gota sobre la tierra,
No visible, tampoco oído: –
Pues delicado calzado lleva
El consolador rocío, como todos los suaves consoladores – :
Entonces tú te acuerdas, te acuerdas, ardiente corazón,
De cómo en otro tiempo tenías sed,
De cómo, achicharrado y cansado, tenías sed
De lágrimas celestes y gotas de rocío,
Mientras en los amarillos senderos de hierba
Miradas del sol vespertino malignamente