Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra Y al punto se hizo el silencio y la calma en derredor; de la profundidad, en cambio, subÃa lentamente el sonido de una campana. Zaratustra se puso a escuchar, lo mismo que los hombres superiores; luego volvió a llevarse el dedo a la boca y volvió a decir: «¡Venid! ¡Venid! ¡Se acerca la medianoche!» – y su voz estaba cambiada. Pero continuaba sin moverse del sitio: entonces se hizo un silencio más grande y una mayor calma, y todos escucharon, también el asno, y los dos animales heráldicos de Zaratustra, el águila y la serpiente, y asimismo la caverna de Zaratustra y la luna redonda y frÃa y hasta la propia noche. Zaratustra se llevó por tercera vez el dedo a la boca y dijo:
¡Venid! ¡Venid! ¡Caminemos ya! Es la hora: ¡caminemos en la noche!
3
Vosotros hombres superiores, la medianoche se aproxima: ahora quiero deciros algo al oÃdo, como me lo dice a mà al oÃdo esa vieja campana, –
– de modo tan Ãntimo, tan terrible, tan cordial como me habla a mà esa campana de medianoche, que ha tenido mayor número de vivencias que un solo hombre:
– que ya contó los latidos de dolor del corazón de vuestros padres – ¡ay!, ¡ay!, ¡cómo suspira!, ¡cómo rÃe en sueños!, ¡la vieja, profunda, profunda medianoche!