Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra ¡Silencio! ¡Silencio! Ahora se oyen muchas cosas a las que por el dÃa no les es lÃcito hablar alto; pero ahora, en el aire fresco, cuando también el ruido de vuestros corazones ha callado, –
– ahora hablan, ahora se dejan oÃr, ahora se deslizan en las almas nocturnas y desveladas: ¡ay!, ¡ay!, ¡cómo suspira!, ¡cómo rÃe en sueños!
–¿no oyes cómo de manera Ãntima, terrible, cordial te habla a ti la vieja, profunda, profunda medianoche?
¡Oh hombre, presta atención![584]
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¡Ay de mÃ! ¿Dónde se ha ido el tiempo? ¿No se ha hundido en pozos profundos? El mundo duerme –
¡Ay! ¡Ay! El perro aúlla[585], la luna brilla. Prefiero morir, morir, a deciros lo que en este momento piensa mi corazón de medianoche.
Ya he muerto. Todo ha terminado. Araña, ¿por qué tejes tu tela a mi alrededor? ¿Quieres sangre? ¡Ay! ¡Ay!, el rocÃo cae, la hora llega –
– la hora en que tirito y me hielo, la hora que pregunta y pregunta y pregunta: «¿Quién tiene corazón suficiente para esto?
– ¿quién debe ser señor de la tierra? El que quiera decir: ¡asà debéis correr vosotras, corrientes grandes y pequeñas!».