Asà habló Zaratustra
Asà habló Zaratustra – Esto habÃa dicho Zaratustra a su corazón mientras el sol se elevaba: entonces se puso a mirar inquisitivamente hacia la altura, pues habÃa oÃdo por encima de sà el agudo grito de su águila. «¡Bien!, exclamó mirando hacia arriba, asà me gusta y me conviene. Mis animales están despiertos, pues yo estoy despierto.
Mi águila está despierta y honra, igual que yo, al sol. Con garras de águila aferra la nueva luz. Vosotros sois mis animales adecuados; yo os amo.
¡Pero todavÃa me faltan mis hombres adecuados!». –
Asà habló Zaratustra; y entonces ocurrió que de repente se sintió como rodeado por bandadas y revoloteos de innumerables pájaros, – el rumor de tantas alas y el tropel en torno a su cabeza eran tan grandes que cerró los ojos. Y, en verdad, sobre él habÃa caÃdo algo semejante a una nube, semejante a una nube de flechas que descargase sobre un nuevo enemigo. Pero he aquà que se trataba de una nube de amor, y caÃa sobre un nuevo amigo.