Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos Aspirando este aire, el más hermoso,
las aletas de la nariz dilatadas como cráteres,
sin porvenir, sin recuerdos,
asà estoy aquà sentado,
amadÃsimas amigas,
mirando cómo se inclina la palmera
como una bailarina,
se dobla, cimbrea y balancea la cadera
—termina uno imitándola si la mira mucho…
¿es, como yo imagino, una bailarina
que lleva demasiado tiempo y peligra,
siempre, siempre apoyada sobre una sola pierna?
—¿olvidó, como yo imagino,
la otra pierna?
Yo, al menos,
busqué en vano
la extraviada joya gemela
—es decir, la otra pierna—
en la sagrada cercanÃa
de su tierna, de su adorable
faldilla de abanico de vuelo de oropel.
SÃ, hermosas amigas,
si me queréis creer,
la ha perdido…
¡Jo, jo, jo, jo, jo!…
¡Desapareció,
desapareció eternamente