Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos ¡Sopla, sopla de nuevo,
fuelle de la virtud!
¡Ah!
Nuevamente rugir,
moralmente rugir,
rugir como el león más moral ante las hijas del desierto.
—¡Pues el rugido de la virtud,
amadÃsimas muchachas,
es sobre todo
ardor europeo, avidez europea!
Y heme aquà ya,
como europeo,
no puedo ser de otra manera. ¡Dios me valga![3]
¡Amén!
Crece el desierto:
¡ay de quien desiertos alberga!
La piedra cruje junto a la piedra, el desierto serpentea y extermina.
La muerte monstruosa mira con ardor pardo
y masca —su vida es mascar…
No olvides, hombre, el placer extinto:
Tú —eres la Piedra— el desierto, eres la muerte…