Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos ¡Qué veloz
engulle el abismo
a quien aquí quiere descender!
—Pero tú, Zaratustra,
¿amas aún, como el abeto,
el precipicio?
Se arraiga el abeto
allí donde la roca misma estremeciéndose
mira al abismo—,
se detiene ante precipicios
donde todo en derredor
quiere caer:
entre la impaciencia
de avalanchas, de arroyos despeñados,
soporta pacientemente, tenaz y silencioso,
solitario…
¡Solitario!
¿Quién se atrevería
a ser huésped aquí,
a ser tu huésped?…
Un ave de presa acaso
colgaría cómoda,
maliciosa, del pelo
de quien soporta con firmeza,
con locas carcajadas,
carcajadas de ave de presa…
¿A qué tanta firmeza?