Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos dulcificada por el sol, por el amor ungida,—
sólo una madura verdad puedo arrancar del árbol.
Hoy extiendo la mano
hacia el azar seductor,
suficientemente astuto
para conducirlo y embaucarlo como a un niño.
Hoy quiero ser acogedor
ante lo inoportuno,
ante el destino no quiero ser punzante.
—Zaratustra no es un erizo.
Mi espÃritu,
insaciable, con su lengua
todo lo bueno y lo malo ya ha lamido,
se ha sumergido en todas las profundidades.
Pero siempre, como un corcho,
retorna a la superficie,
flota como aceite sobre oscuros mares:
debido a este espÃritu me llaman Afortunado.
¿Quiénes fueron mi padre y mi madre?
¿No fue mi padre el PrÃncipe Abundante
y mi madre la Risa Sosegada?
¿No es fruto de tal unión
este acertijo que soy,
hostil a la luz,
pródigo de toda sabidurÃa, Zaratustra?
Enfermo hoy de ternura,