Ditirambos Dionisiacos
Ditirambos Dionisiacos un viento de rocÃo
está Zaratustra aguardando, sentado aguardando sobre sus montañas
en su propio jugo
se ha cocido y endulzado,
bajo sus cumbres,
bajo sus hielos,
fatigado y satisfecho,
a un creador en su séptimo dÃa semejante.
—¡Silencio!
Una verdad se cierne sobre mÃ
como una nube,—
con rayos invisibles me alcanza.
Por amplias y lentas escalinatas
asciende su felicidad hasta mÃ:
¡ven, ven, verdad amada!
—¡Silencio!
¡Es mi verdad!
Con ojos despaciosos,
con escalofrÃos aterciopelados
me alcanza su mirada,
amorosa, malvada, mirada de muchacha…
Descubrió el fundamento de mi felicidad,
me descubrió —¡ah! ¿qué proyecta?
Un dragón purpúreo me acecha
desde los abismos de su mirada de doncella.
—¡Silencio! Habla mi verdad: