Ecce homo
Ecce homo Éstas son, en esquema, las dos opuestas reacciones que este libro singular ha provocado y seguirá provocando siempre. Pero si por un momento se aparta la vista del contenido para fijarla en algunos aspectos formales, nadie podrá negar que esta obra constituye un unicum: algo excepcional. En primer término, porque representa una oportunidad irreemplazable el que un filósofo famoso, a quien se le atribuyen tantas influencias, se avenga a narrarnos una por una la génesis de sus obras, las intenciones que las mueven, el clima en que nacieron, los influjos recibidos. En segundo lugar, porque si, aparte del largo capítulo dedicado a sus obras, los otros cuatro se titulan «Por qué soy yo tan sabio», «Por qué soy yo tan inteligente», «Por qué escribo yo libros tan buenos», «Por qué soy yo un destino», algo así ha de constituir necesariamente un caso de genialidad, aunque sea una genialidad patológica. En tercer término, porque literariamente este libro, aun con sus caídas, profundas a veces, está escrito en una prosa magnífica, llena de combinaciones sorprendentes, en un lenguaje transparente y musical, digno de uno de los más grandes escritores alemanes. No es, desde luego, la «“Sinfonía Júpiter” de las letras germanas», como ampulosamente ha dicho un norteamericano; pero sí es algo que nadie leerá sin ser conmovido, tocado, zarandeado, irritado, para acabar sintiendo una intensa curiosidad de conocer las obras de un filósofo capaz de escribir semejante autobiografía. En este sentido, como ya se ha dicho, ninguna introducción más original que ésta al hombre Nietzsche, a la obra Nietzsche, sobre todo porque no es una de esas «introducciones» que dejan simplemente a la puerta; por el contrario, Nietzsche aferra al lector con su poderosa garra y lo mete hasta lo más hondo de su ser.
